martes, 6 de diciembre de 2016

Redescubriendo el papel de la lectura en plena era digital

He de comenzar esta entrada dándole las gracias a uno de los más asombrosos magos de la educación que he conocido: Javier Caboblanco, que hace cosa de un mes nos deleitó animándonos a animar a leer usando el papel, el material de toda la vida, ese al que incluso los que somos apasionados a la lectura hemos dado parcialmente la espalda en plena era Kindle. Conocido es que en los últimos cursos estoy experimentando una profunda reconversión digital como profesor. Sin embargo, tengo que confesar que el descendiente directo del papiro sigue manteniendo su erótica escolar para buena parte del alumnado.
Por un lado, el papel se puede tocar y transportar inmediatamente. Se puede enseñar, se puede mostrar, se puede exhibir y se puede modular como prácticamente ninguna otra cosa. Tú puedes generar un padlet con la idea de que potencialmente todo el mundo lo va a ver por la red, pero lo que en realidad quieres es que tus compañeros, esos que forman parte de tu entorno más inmediato, lo contemplen, y si es pegado a la pared o encima de una mesa mejor. Me ha llevado unos meses darme cuenta de que lo digital no es un sustituto de lo analógico sino más bien un perfecto complemento. Hay muchos estilos de aprendizaje. Los hay digitales y analógicos. En mi última actividad de animación a la lectura he combinado los dos.
Por un lado, la ficha de lectura de toda la vida la han hecho a través de Google Forms, recurso que recomiendo encarecidamente para cuestionarios en línea o encuestas ya que autogenera resultados de una forma bastante práctica.
Por otro lado, a propósito de las cabriolas papirofléxicas que Javier nos enseñó en el curso Cinturón Negro de Lectura, se me ocurrió otro recurso evaluativo más creativo: la elaboración de un librito resumen (yo lo llamo biombo o Japanese wall en inglés) en el que los alumnos debían plasmar (escribir e ilustrar) básicamente la misma información que ya plasmaron en la ficha de lectura pero de forma más resumida y convirtiendo el final en una serie de preguntas abiertas que animen a futuros lectores a emprender la lectura de ese libro. El resultado ha sido una colección de libritos hechos a partir de una solo folio y cuya dimensión es una octava parte del mismo. Como no soy un experto en papiroflexia, y temía que las instrucciones en vivo y en directo me traicionaran, decidí grabar este vídeo a modo de flipped classroom.
El siguiente paso va a ser exponer todas estas paredes japonesas en clase y después en la biblioteca en un rincón que buscaremos para ello. Una posibilidad es hacer habitaciones con esas paredes y agruparlas por géneros ya que lo que más piden los chavales a la hora de elegir el siguiente libro a leer es que sea de tal o de cual género. 

viernes, 4 de noviembre de 2016

El día en que Nieves y David nos dieron una lección.

Nieves y David son alumnos míos de catorce años. Ella está en PMAR y él en 3º de la ESO. Mi compañera y amiga Belén está viendo con sus alumnos una manera muy novedosa de acercarse a Federico García Lorca ya que lo está haciendo a través de la música rap, a pesar de no gustarle demasiado ese estilo. Cuando supo (supongo que a través de mí) que mi alumna Nieves está en un grupo rap no lo dudó: me pidió que saliera en una hora mía para que pudiera ir a dar una charla a sus alumnos de 3º de la ESO sobre la materia. En esa clase estaba David, que le ha hecho el alimón en su presentación (seguro que ellos dos habrían rimado estas palabras). La clase sobre rap ha resultado muy instructiva. He aprendido un montón de cosas que no sabía sobre el rap (dista mucho de ser mi música favorita), pero ante todo me he reafirmado en algo que siempre he sabido: la enseñanza puede ser perfectamente multidireccional en pleno siglo XXI. Los profesores ya no somos esa fuente de conocimiento exclusiva que éramos antaño ya que hoy en día la red inunda de conocimientos la calle en la que parte de nuestro alumnado crece. Oír la capacidad que Nieves tiene para rimar, entonar, vocalizar, improvisar es una invitación a darse cuenta de que cada uno de nuestros alumnos tiene unas capacidades de las que muchas veces no somos conscientes por culpa de un temario que no hemos elegido y que muy frecuentemente sólo se puede justificar por la presencia de un examen. Ayer, en un curso que hice en Albacete, nos dijeron que uno de los problemas que hoy en día tiene la educación es que obliga a nuestros alumnos a vivir en dos mundos paralelos: el suyo propio, el que se construyen muchas veces con las mismas competencias que necesitarían para aprobar y que absurdamente ignoramos parapeteados tras la excusa de la programación, y el de la escuela. Espero que hoy, con esta clase de rap (pero que también lo ha sido de métrica, de sinonimia y antonimia), esos mundos hayan encontrado un pequeño puente. 

lunes, 17 de octubre de 2016

Gamificación: recursos y leyendas.


Desde que hace ya casi un año asistí a mi segundo SIMO, me he podido percatar de que uno de los grandes gritos en innovación educativa que me causan cierta perplejidad rallana en el escepticismo es el fenómeno de la gamificación. La idea sobre el papel de la definición es cojonuda, ya que consiste en utilizar los elementos del juego para perseguir un propósito didáctico o educativo. Desde luego no es algo tan novedoso. La ludificación de los procesos de enseñanza-aprendizaje siempre ha formado parte de los métodos que más nos han atrapado desde cuando éramos estudiantes de la EGB. ¿Quién no ha tenido la suerte de tener un maestro enrollado que no se inventara un concurso para que nos aprendiéramos la tabla periódica, los verbos irregulares en inglés o recurriera a la primera parte del  1, 2, 3 para evaluar nuestros conocimientos de humanidades en las de otra manera soporíferas clases de los viernes por la tarde? Que conste que yo no me eduqué en un colegio innovador. Se llamaba Nuestra Señora de la Consolación y había maestros que nos tiraban de las orejas si no rezábamos como dios mandaba. Pero la enseñanza, incluso entre esas rémoras de tardo-franquismo transicional, a veces se convertía en un juego.

Últimamente han entrado en el aula profes que aún no habían nacido cuando a mí me levantaban del suelo un palmo de las orejas por no persignarme en el nombre del padre y su trilogía. Esos futuros profes crecieron con la nintendo cuando yo utilizaba Windows 95 por primera vez para hacer mis últimos trabajos de carrera. Ellos han sido los que han traído la gamificación al aula cuando yo ya tenía claras las ventajas de la ludificación. Pienso que es cuestión de estilos, más que del hecho de ser o no nativos digitales. A mí desde crío las maquinitas recreativas no me hacían mucha gracia. Yo era más de jugar a las cartas o al trivial. Hoy en día pienso que mi clase está suficientemente ludificada: empleo un sistema de puntos que me funciona, que muestro a los alumnos, que les motiva, que hacen que se piquen en su propio aprendizaje sin recurrir a dragones, curanderos, magos u otras realidades paralelas que no termino de creerme. He intentado infructuosamente varias veces hacerme con el tranquillo de Classcraft, pero me encuentro con demasiadas dificultades: principalmente no veo que sea fácil de usar para aquellos que no empleamos nuestro tiempo en los videogames; aparte, tengo la sensación de que hay una subordinación de las tareas de clase al ritual y el lenguaje del juego en vez de ser al contrario. No dudo de su efectividad. Para enseñantes nativizados en el juego convertido en game debe de ser una pasada. ClassDojo es otra app muy mencionada en los foros gamificadores que yo ya utilizaba antes incluso de saber que eso era gamificación.  Al contrario de Classcraft, es muy intuitiva, va al grano y es una de las mejores herramientas que conozco para reconducir la conducta y el trabajo dentro del aula a través del juego. La estuve usando durante más de dos años, hasta que iDoceo copó toda mi atención para la gestión de aula. Desde entonces he intentado usar las dos, pero al final, debido a la economía de los usos y costumbres me he decantado solo por una, quizá menos atractiva para los alumnos pero que, al fin y a la postre, me hace el apaño. Últimamente he leído y oído mucho sobre gamificación. Hay muchos recursos y también muchas leyendas que si te sirven, perfecto. En clase, al final lo bueno es lo que funciona.  

miércoles, 12 de octubre de 2016

Mis primeras experiencias BYOD

El curso pasado, en el último claustro, se produjo una revolución en mi instituto: por cinco votos de diferencia se decidió que el alumnado de a partir de tercer curso de la ESO podía usar dispositivos móviles en el aula si el profesorado así lo disponía en su programación y previa comunicación a las familias. Dicha votación ponía fin a unos cuantos años de prohibición taxativa de utilización de una herramienta como son los dispositivos móviles que impedían la implantación de un enfoque que a día de hoy está revolucionando la educación. Fue una votación emocionante, cuyo resultado facilita que nuestros estudiantes se puedan traer sus propias herramientas digitales a clase. En eso consiste el BYOD: bring your own device, tráete tu propio dispositivo.
En este mes escaso de clase que llevamos he aprendido una cosa: no puedes usar este enfoque de forma espontánea esperando que todos los chavales lleven consigo algo que hasta hace unos meses era considerado el demonio de las distracciones. De hecho, les tienes que avisar con tiempo para que se lo traigan y así asegurar que todos tienen acceso a su móvil, que en ese momento se convierte en su herramienta de trabajo.
Así las cosas, no lo he podido usar tanto como yo quería ya que tengo que planear con tiempo cuándo lo voy a usar y para qué. Con terceros de la ESO lo he utilizado para tareas de indagación: un día tuvieron que meterse en la red y descubrir varias datos sobre los monumentos más destacados de nuestra población, Almansa, para después colgar un mensaje con fotos en la red social Edmodo.
Con segundo de Bachillerato, usé un documento web sobre los diferentes estilos de educación para que, también en la herramienta de asignaciones de Edmodo, los chavales y chavalas hicieran un ejercicio de comprensión lectora.
Indagación en distintas fuentes, lectura y comprensión de un texto, escritura colaborativa... No son actividades nuevas, pero la presencia de dispositivos móviles en el aula hace que sean mucho más dinámicas, entretenidas y ágiles.
Las próximas actividades van a tener mucho que ver con visionados de películas, análisis de recursos digitales e indagación para el desarrollo de un trabajo monográfico de un país anglosajón. Iré informando del desarrollo de los acontecimientos.


lunes, 16 de mayo de 2016

Edmodo, ese gran socializador de la competencia lingüística en la clase de idiomas.

Facebook llegó para quedarse hace casi diez años ya. Y desde entonces nada ha sido igual en muchos aspectos. No es una falacia decir que hoy en día la gente en occidentalia escribe más que antes, entre otras cosas gracias a las aplicaciones de mensajería instantánea tipo whatsapp o Snapchat, y a las redes sociales que, como Facebook, Twitter o Instagram nos permiten dejar rastro de nuestras vidas en la red.
Hace tres años comencé a plantearme utilizar Facebook en clase pero enseguida me di cuenta de que me enfrentaba a una serie de inconvenientes en lo que se refiere a la privacidad de la imagen pública de menores. Fue por ello por lo que me puse a indagar en si había una especie de Facebook académico y, mira por dónde, no tuve que buscar mucho. Desde el principio supe que Edmodo me iba a dar todo lo que andaba buscando.
Como profesor de lengua extranjera, me he pasado buena parte de mi carrera profesional corrigiendo redacciones. Es increíble la cantidad de información con la que a través de las redacciones uno cuenta. Si puedo leer lo que mis alumnos piensan sobre temas polémicos de actualidad, por ejemplo, es una pena que no se puedan leer entre sí, pensé antes de descubrir esta herramienta.
Por ello desde un principio vi la potencialidad que tenía Edmodo. Podía crear un Facebook de clase para que mis alumnos se expresaran libremente en inglés y se pudieran leer los unos a los otros y, así, multifocalizar el feedback, que ya no sólo iba a provenir del profesor. El primer año utilicé Edmodo de una manera más o menos libre, premiando con un tanto por ciento en el apartado de expresión escrito a los alumnos que superan cierta límite de participaciones. Para mi sorpresa, lo utilizaron bastante ya que les prometí que cada veinte participaciones les eximía de hacer una redacción.
Al año siguiente organicé el recurso un poco mejor, ya que algunos de los ejercicios escritos los hacíamos en Edmodo con el fin de socializar todo lo que fueran escribiendo. Otro descubrimiento fue iniciar debates alrededor de un tema, lo cual resultó en comentarios muy interesantes que luego ampliábamos en clase.
Este año he descubierto que es mejor crear pequeños grupos para cada tema, especialmente con el fin de corregir cada actividad por separado sin que estén mezcladas con las demás en un totum revolutum.
Otro uso de Edmodo del que he ido tirando mucho este año ha sido a través de las asignaciones, especialmente para la comprensión, tanto oral como escrita. Frente a la expresión, que pienso que es mejor que tenga el componente socializador como disparador de motivación, la comprensión es una tarea más individual que debe ser resuelta por cada alumno de forma separada. Y es ahí donde la función de asignación es útil, ya que lo que produce cada alumno sólo es visible para el profesor que corrige, aunque al final se tiene la posibilidad de hacer públicas algunas respuestas.
Edmodo no debe circunscribirse, sin embargo, al ámbito del hogar-laboratorio de deberes. Si se puede utilizar en el centro educativo, debe hacerse ya que da la posibilidad de que los alumnos sean autónomos y a la misma vez socializadores cuando se trata de que hagan una tarea en clase. Tampoco se debe circunscribir a las destrezas escritas. A partir de un mensaje escrito se puede iniciar una conversación o un debate que, en clase, el profesor debe moderar habiendo anticipado cuáles son los puntos de partida de sus alumnos.