Facebook llegó para quedarse hace casi diez años ya. Y desde entonces nada ha sido igual en muchos aspectos. No es una falacia decir que hoy en día la gente en occidentalia escribe más que antes, entre otras cosas gracias a las aplicaciones de mensajería instantánea tipo whatsapp o Snapchat, y a las redes sociales que, como Facebook, Twitter o Instagram nos permiten dejar rastro de nuestras vidas en la red.
Hace tres años comencé a plantearme utilizar Facebook en clase pero enseguida me di cuenta de que me enfrentaba a una serie de inconvenientes en lo que se refiere a la privacidad de la imagen pública de menores. Fue por ello por lo que me puse a indagar en si había una especie de Facebook académico y, mira por dónde, no tuve que buscar mucho. Desde el principio supe que Edmodo me iba a dar todo lo que andaba buscando.
Como profesor de lengua extranjera, me he pasado buena parte de mi carrera profesional corrigiendo redacciones. Es increíble la cantidad de información con la que a través de las redacciones uno cuenta. Si puedo leer lo que mis alumnos piensan sobre temas polémicos de actualidad, por ejemplo, es una pena que no se puedan leer entre sí, pensé antes de descubrir esta herramienta.
Por ello desde un principio vi la potencialidad que tenía Edmodo. Podía crear un Facebook de clase para que mis alumnos se expresaran libremente en inglés y se pudieran leer los unos a los otros y, así, multifocalizar el feedback, que ya no sólo iba a provenir del profesor. El primer año utilicé Edmodo de una manera más o menos libre, premiando con un tanto por ciento en el apartado de expresión escrito a los alumnos que superan cierta límite de participaciones. Para mi sorpresa, lo utilizaron bastante ya que les prometí que cada veinte participaciones les eximía de hacer una redacción.
Al año siguiente organicé el recurso un poco mejor, ya que algunos de los ejercicios escritos los hacíamos en Edmodo con el fin de socializar todo lo que fueran escribiendo. Otro descubrimiento fue iniciar debates alrededor de un tema, lo cual resultó en comentarios muy interesantes que luego ampliábamos en clase.
Este año he descubierto que es mejor crear pequeños grupos para cada tema, especialmente con el fin de corregir cada actividad por separado sin que estén mezcladas con las demás en un totum revolutum.
Otro uso de Edmodo del que he ido tirando mucho este año ha sido a través de las asignaciones, especialmente para la comprensión, tanto oral como escrita. Frente a la expresión, que pienso que es mejor que tenga el componente socializador como disparador de motivación, la comprensión es una tarea más individual que debe ser resuelta por cada alumno de forma separada. Y es ahí donde la función de asignación es útil, ya que lo que produce cada alumno sólo es visible para el profesor que corrige, aunque al final se tiene la posibilidad de hacer públicas algunas respuestas.
Edmodo no debe circunscribirse, sin embargo, al ámbito del hogar-laboratorio de deberes. Si se puede utilizar en el centro educativo, debe hacerse ya que da la posibilidad de que los alumnos sean autónomos y a la misma vez socializadores cuando se trata de que hagan una tarea en clase. Tampoco se debe circunscribir a las destrezas escritas. A partir de un mensaje escrito se puede iniciar una conversación o un debate que, en clase, el profesor debe moderar habiendo anticipado cuáles son los puntos de partida de sus alumnos.
Hace tres años comencé a plantearme utilizar Facebook en clase pero enseguida me di cuenta de que me enfrentaba a una serie de inconvenientes en lo que se refiere a la privacidad de la imagen pública de menores. Fue por ello por lo que me puse a indagar en si había una especie de Facebook académico y, mira por dónde, no tuve que buscar mucho. Desde el principio supe que Edmodo me iba a dar todo lo que andaba buscando.
Como profesor de lengua extranjera, me he pasado buena parte de mi carrera profesional corrigiendo redacciones. Es increíble la cantidad de información con la que a través de las redacciones uno cuenta. Si puedo leer lo que mis alumnos piensan sobre temas polémicos de actualidad, por ejemplo, es una pena que no se puedan leer entre sí, pensé antes de descubrir esta herramienta.
Por ello desde un principio vi la potencialidad que tenía Edmodo. Podía crear un Facebook de clase para que mis alumnos se expresaran libremente en inglés y se pudieran leer los unos a los otros y, así, multifocalizar el feedback, que ya no sólo iba a provenir del profesor. El primer año utilicé Edmodo de una manera más o menos libre, premiando con un tanto por ciento en el apartado de expresión escrito a los alumnos que superan cierta límite de participaciones. Para mi sorpresa, lo utilizaron bastante ya que les prometí que cada veinte participaciones les eximía de hacer una redacción.
Al año siguiente organicé el recurso un poco mejor, ya que algunos de los ejercicios escritos los hacíamos en Edmodo con el fin de socializar todo lo que fueran escribiendo. Otro descubrimiento fue iniciar debates alrededor de un tema, lo cual resultó en comentarios muy interesantes que luego ampliábamos en clase.
Este año he descubierto que es mejor crear pequeños grupos para cada tema, especialmente con el fin de corregir cada actividad por separado sin que estén mezcladas con las demás en un totum revolutum.
Otro uso de Edmodo del que he ido tirando mucho este año ha sido a través de las asignaciones, especialmente para la comprensión, tanto oral como escrita. Frente a la expresión, que pienso que es mejor que tenga el componente socializador como disparador de motivación, la comprensión es una tarea más individual que debe ser resuelta por cada alumno de forma separada. Y es ahí donde la función de asignación es útil, ya que lo que produce cada alumno sólo es visible para el profesor que corrige, aunque al final se tiene la posibilidad de hacer públicas algunas respuestas.
Edmodo no debe circunscribirse, sin embargo, al ámbito del hogar-laboratorio de deberes. Si se puede utilizar en el centro educativo, debe hacerse ya que da la posibilidad de que los alumnos sean autónomos y a la misma vez socializadores cuando se trata de que hagan una tarea en clase. Tampoco se debe circunscribir a las destrezas escritas. A partir de un mensaje escrito se puede iniciar una conversación o un debate que, en clase, el profesor debe moderar habiendo anticipado cuáles son los puntos de partida de sus alumnos.

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