sábado, 23 de abril de 2016

Feliz día del libro: representaciones y exposiciones

Es una buena costumbre celebrar el acceso escrito al conocimiento y la cultura. En mi instituto hemos hecho a lo largo de los años de todo: desde las típicas lecturas del Quijote hasta recitales de poesía. Este año, dado que se cumplían 400 años de la muerte de Cervantes y Shakespeare, hemos querido desde varios departamentos rendirles homenaje a través de varios proyectos. Por un lado, desde el departamento de inglés, y con la inestimable ayuda de los de plástica y música, se ha trabajado para que el alumnado de 3º de la ESO hiciera una representación de algunas escenas de Romeo y Julieta. Por otra parte, otros profesores hemos colaborado para que se llevase a cabo la primera exposición bilingüe de nuestro instituto. En ella, el alumnado ha presentado obras inspiradas en don Quijote, así como murales sobre algunos aspectos de la poesía y, por otro lado, sobre algunas obras de William Shakespeare. El colofón de esta exposición ha sido la proyección de un corto que se ha hecho sobre todos los actos que hemos estado preparando para este día que se ha proyectado en la biblioteca. 

jueves, 21 de abril de 2016

Padlet y cuarto centenario de William Shakespeare

El último recurso de trabajo compartido que he utilizado en clase es Padlet. También tiene una versión app, aunque yo prefiero utilizar la web ya que tiene muchas más prestaciones. Lo bueno de este recurso es que te permite hacer infografías de manera colaborativa y además su funcionamiento es muy fluido. Un punto a su favor frente a otros recursos infográficos como glogster es que es totalmente gratuito. 

El contenido principal de este proyecto han sido seis de las más importantes obras de William Shakespeare, las cuales han servido para imprimir sendos murales para la exposición que está teniendo lugar estos días en mi centro a propósito del cuarto centenario de la muerte de Shakespeare y Cervantes. Este recurso me ha servido para hacer el primer ABP internivelar: mientras el alumnado de 2º de la ESO ha hecho la parte escrita del Padlet, el de 1º de bachillerato se está encargando de la exposición oral al resto de la comunidad educativa. 

Aquí os muestro los seis padlets que mi alumnado ha elaborado.  











miércoles, 20 de abril de 2016

Últimas experiencias con metodologias activas en 1º de bachillerato



Para empezar hay que recalcar que wikipedia en español aún no recoge una definición de lo que es una metodología activa en el proceso de enseñanza-aprendizaje, lo cual no deja de sorprender sobre todo porque últimamente éste es uno de los conceptos que más se están maniendo en los foros educativos. La enseñanza basada en metodologías activas es una enseñanza centrada en el estudiante, en su capacitación en competencias propias del saber de la disciplina. Estas estrategias conciben el aprendizaje como un proceso constructivo y no receptivo. Las metodologías activas potencian las bases del cono de la experiencia de Edgar Dale, según el cual al cabo de dos semanas tendemos a recordar casi todo aquello en lo que hemos tenido una experiencia simulada o directa, especialmente si esas experiencias se han basado en cosas que hemos dicho o hecho más que en cosas que hemos leído u oído. Según este cono tal y como lo ilustra Rosa Liarte, el aprendizaje pasivo es paradójicamente lo que más se potencia en nuestros centros educativos ya que la mayoría del tiempo nuestro alumnado lo pasa leyendo (supuestamente), oyendo, viendo y (casi siempre) callando. Las metodologías activas pretenden, en cambio, potenciar aquello que es más susceptible de ser recordado según el canal y la forma de aprendizaje que podemos observar en estas dos pirámides. 


CONO DE LA EXPERIENCIA DE EDGAR DALE
No es nueva mi pretensión de que mis alumnos y alumnas participen activamente en su proceso de aprendizaje. Siempre he sido un defensor convencido del aprendizaje basado en proyectos, e incluso cuando esta práctica no tenía nombre yo ya la llevaba a cabo desde mis primeros años como docente. Aquí voy a poner en conocimiento dos de los proyectos a través de los cuales mi alumnado de 1º de bachillerato ha sido partícipe activo de su propio aprendizaje. Por un lado, lo han hecho a través de un proyecto llamado "Preparing a trip", que no ha sido otra cosa que simular un viaje para el cual han tenido que buscar en la red billetes de vuelo, así como alojamiento en metabuscadores tipo trivago. Con todo ello han tenido que hacer una presentación (no necesariamente en power point, aunque esta herramienta gana con diferencia al resto), que han tenido que exponer en clase. Al cabo de la exposición el resto de la clase les ha hecho preguntas que ellos han ido oportunamente contestando. Es un proyecto muy parecido a otro que llevé a cabo con mis alumnos de segundo de la ESO y del que ya di cuenta en otra entrada

Abajo dejo las presentaciones de las instrucciones del proyecto y dos de los proyectos más destacables.

El otro proyecto no se ha basado en una experiencia simulada, sino en una real, es decir, en la misma base de la pirámide de Dale. Se ha tratado de que expongan los elementos narrativos principales o bien de un libro o de una película. En este proyecto han tenido la dificultad añadida de tener una limitación de tiempo de exposición de tres minutos con el fin de que fueran al grano y no se anduvieran demasiado por las ramas. Las presentación 4 muestra las instrucciones que di para la elaboración del proyecto y las 5 y 6 muestran dos de los proyectos más interesantes. 











martes, 12 de abril de 2016

El aburrimiento y la escuela tradicional: un poco de historia.

Mucho estoy leyendo y escuchando últimamente sobre el aburrimiento en la educación. Sin duda es un tema central en muchos blogs educativos ya que se le señala directamente como uno de los principales responsables del fracaso escolar.

La escuela de hoy en día les parece a muchos de nuestros estudiantes aburrida porque sigue arrastrando parte de las características que le dieron sentido hace cuatro siglos, en los albores de la modernidad, pero que a día de hoy, en plena posmodernidad, hacen aguas por lo cuatro costados.
Las bases de esa escuela hemos de buscarlas en el siglo XVII, concretamente en la obra del checo Jan Amos Komenský, más conocido como Comenius o Comenio. Considerado como el padre de la didáctica moderna gracias sobre todo a su obra Didáctica Magna, desgranó los pilares de un tipo de educación que hoy en día llamaríamos tradicional, a saber, el magistrocentrismo, el enciclopedismo y el verbalismo. El primero sostiene que el maestro es el pilar fundamental de la educación; es quien organiza el conocimiento, elabora la materia que ha de ser aprendida y es el único guía en la educación de sus alumnos, quienes han de imitarle y obedecerle. El enciclopedismo, por su parte, pone en el centro del método escolar al libro de texto, que todo alumno ha de aprender memorizando. Este ejercicio de memorización es la principal característica del verbalismo. Este método con esos tres pilares fue llamado por el propio Comenius "Método y Orden". A todo esto hay que añadir además otros dos datos históricos: por una parte, que este tipo de escuela surgió en el contexto del cartesianismo filosófico, que desconfiaba de las emociones como agentes activos del conocimiento; y por otra, un apunte decimonónico: el hecho de que la educación en masa comenzase en el estado prusiano, cuyo cometido era producir sobre todo soldados y ciudadanos más obedientes.¿Cuántos de nosotros reconocemos en estos rasgos las características fundamentales de la escuela a la que fuimos de pequeños a finales de los años ochenta? ¿Cuántos de nosotros reconocemos aún en ellos la metodología que algunos de nuestros compañeros siguen defendiendo a capa y espada a pesar de su evidente fracaso? Y la más escalofriante de las preguntas: ¿cuántos de nosotros vemos paralelismos entre la obsesión prusiana con la obediencia y la propensión de la última contrarreforma llamada LOMCE por atenuar al mínimo la reflexión crítica en favor de la memorización como muestran los currículos de las asignaturas de humanidades? 

El tedio adolescente debería ser un indicador de que ciertos modelos tradicionales ya no funcionan y de que, efectivamente, hay un desajuste entre los pilares de esos modelos y el horizonte de expectativas de los estudiantes del siglo XXI. Como dicen algunos estudiosos sobre el tema, más que lamentarse, lo que hay que hacer es explorar los desacoples que esta mutación tecno-cultural está generando. Carlos Scolari dice que "la escuela de hoy en día es una máquina de producir aburridos y quemados. Hay autores que conectan el aburrimiento escolar con la pasividad del alumnado propia del verbalismo y del escaso protagonismo de los estudiantes fruto del magistrocentrismo. Junto a ellos, y frente al sobrecartesianismo que nos inunda, otros como Ramón Barrera apuestan por el aprendizaje con sorpresa, el sorprendizaje.

El hecho de que tanta atención se esté poniendo en el tema del aburrimiento en la escuela es positivo ya que el modelo de la letra con sangre entra no ha hecho sino entrar en una fase de desangramiento terminal que pese a todo se presiente como muy lenta mientras el modelo tradicional siga despertando tanta magnetismo entre legisladores interesados en adocenar, profesores que no cuestionan la inercia, e incluso entre sumisas capas de familias y alumnos.



viernes, 8 de abril de 2016

La organización del espacio y la innovación pedagógica

Recuerdo cuando en 3º de EGB me tocó estar en la clase de D. Antonio de los Reyes. Ese maestro, aparte de ser "de los que no pegaban" tenía fama de hacer cosas un poco raras en sus clases. En vez de estar sentados en filas, los pupitres durante todo el curso escolar estuvieron organizados en grupos y cada mes nos tocaba cambiar tanto de grupo como de compañeros. Creo que había un total de seis y en una pizarra estaban escritos los nombres de los grupos que nosotros mismos poníamos, así como la puntuación que íbamos recogiendo día a día hasta que, al final del mes, un grupo ganaba y recibía bolis y rotuladores de colores por parte de D. Antonio. Recuerdo que algunos de mis grupos se llamaron "La Guerra de las Galaxias", "La Fuga de Logan" o "La Pantera Rosa". Este maestro nos iba dando puntos por cada ejercicio que hacíamos, por cada vez que hacíamos los deberes o como premio por ayudarnos los unos a los otros. Por contra, nos quitaba puntos si llegábamos tarde, nos portábamos mal o no hacíamos las tareas. Este maestro participaba en los primeros años ochenta de dos conceptos que hoy en día están muy en boga: la gamificación y el trabajo colaborativo
Sin embargo, la razón por la que saco a colación estos recuerdos son por forma en la que el espacio jugaba un papel fundamental en las clases de D. Antonio. La posición de los pupitres con respecto al centro-pizarra era irrelevante ya que lo verdaderamente importante no ocurría en la pizarra, sino en toda la clase, alrededor de la cual el maestro no dejaba de moverse para supervisar nuestras tareas. 
Hoy en día uno de los aspectos sobre los que apenas se discute es la disposición de unos pupitres cada vez más envejecidamente incómodos. En mi instituto (mis clases incluidas) la posición es la misma de siempre: la pizarra-altar es el centro incuestionado de la liturgia de la enseñanza. Frente a ella, los pupitres se alinean en filas de uno o dos (especialmente en los niveles bajos de la ESO), o amontonados si es en bachillerato. Ese tipo de disposición varía únicamente en función del comportamiento del alumnado. Si es bueno, continúa tal y como está. Si tiende a ser disruptivo, se les castiga con una separación física. Esta disposición, como he apuntado arriba, casi no se discute. 
Pupitre modular que permite el movimiento fluido según tipo de actividad
Una de las consecuencias que la crisis y sus excusas trajeron fue la masificación de las aulas. Donde en 2008 había 20 alumnos por aula en 2012 había 34. Con ese número, y en el misma superficie física no hay espacio para la experimentación. Con caber en clase es ya suficiente. Sin embargo, una de las lógicas consecuencias que tiene repensar la educación teniendo al alumnado como centro es valorar la comodidad de este alumnado y explorar las posibilidades que da el espacio para los distintos tipos de aprendizaje. Una de las causas menos comentadas a nivel mediático del fracaso escolar es el tremendo aburrimiento de los alumnos en clase. Y uno de los factores de ese aburrimiento es esperar siempre lo mismo de un espacio que no acertamos a transformar. Cada tarea es diferente y si la clase consta de cuatro tareas distintas, es de esperar que nuestra disposición física cambie. La disposición clásica pupitre-pizarra (o proyector) sólo tiene sentido en los momentos en los que el profesor está dando una instrucción. En el resto de tareas se echa en falta una mayor movilidad por parte del mobiliario. Los pupitres clásicos no favorecen el mismo ya que son pesados, poco flexibles y hacen mucho ruido al arrastrarse. De la misma forma, se echa de menos otro tipo de mobiliario diferente al pupitre como cojines o alfombras donde poder sentarse para realizar cierto tipo de tareas que exigen reflexión o lectura, y no necesariamente ejecución escrita. Para ello, soy consciente, serían necesarias aulas mucho más grandes de las que hoy en día tenemos o, incluso, trascender de la idea de aula tradicional. El año pasado muchos de nosotros nos sorprendimos de que fueran los jesuitas los que revolucionaran la idea del espacio en la enseñanza con sus aulas abiertas y con sofás.  
Nuevos espacios para aprender
En resumen, hay que repensar el espacio como factor clave en el proceso de enseñanza-aprendizaje de la misma manera que estamos repensando otros factores de nuestra metodología como la incorporación de las TICs, la gamificación, el blended-learning o la clase al revés. Como dice Catlin Tucker, el mobiliario manda un claro mensaje a los estudiantes desde el primer día sobre qué esperamos de ellos. Así que, si queremos enviarles el mensaje de que queremos que sean flexibles, creativos y colaborativos en sus aprendizajes, es necesario que el mobiliario y el espacio también lo sean o, al menos, lo faciliten. 








jueves, 7 de abril de 2016

Heterocronía, o las distintas velocidades del cambio educativo.

Leyendo una de las últimas entradas del muy recomendable blog de Fernando Trujillo, me he encontrado con este concepto que nos puede servir para explicar por qué en muchos de nuestros centros educativos asistimos a la evolución en la forma de entender la educación a varios niveles. Está claro que la educación ha cambiado muchísimo desde que estrenamos siglo. De las pizarras hemos pasado a las pantallas; de las fichas a las presentaciones; del libro de texto a las fuentes audiovisuales e hipertextuales; de la clase magistral al ABP; del cuaderno del profesor a iDoceo, del cuaderno de ejercicios a Edmodo, y así podríamos enumerar muchos más cambios que hacen que nuestras clases de hoy hubiesen parecido casi de ciencia ficción hace quince años.
Sin embargo, todos convivimos con agentes que resisten el cambio o lo viven de manera mucho más lenta. Todos tenemos compañeros y compañeras que muestran diariamente una lucha casi espartana por aferrarse al libro de texto subrayable, a la lección magistral, al binomio tiza-pizarra, al cuaderno de ejercicios (de papel, por supuesto), y para los que los proyectores son casi como platillos volantes invisibles. Junto a estos, tenemos a la gran mayoría, que son los que poco a poco y a su ritmo van incorporando, con más o menos cautela, cambios estructurales en sus aulas.
Este concepto de heterocronía es definido de forma bastante clara, en palabras de Daniel Innerarity, en la diapositiva 19 de su excelente presentación, la cual muestro completa aquí abajo: "La mayoría de los problemas de la sociedad contemporánea no proceden tanto del exceso de la falta de innovación como del desequilibrio entre velocidades de innovación diferentes… El mundo avanza con distintas velocidades, por lo que continuamente aparecen líneas de quitar entre las diferentes dinámicas de innovación… Las lógicas temporales son distintas, incompatibles e incluso antagónicas."