martes, 12 de abril de 2016

El aburrimiento y la escuela tradicional: un poco de historia.

Mucho estoy leyendo y escuchando últimamente sobre el aburrimiento en la educación. Sin duda es un tema central en muchos blogs educativos ya que se le señala directamente como uno de los principales responsables del fracaso escolar.

La escuela de hoy en día les parece a muchos de nuestros estudiantes aburrida porque sigue arrastrando parte de las características que le dieron sentido hace cuatro siglos, en los albores de la modernidad, pero que a día de hoy, en plena posmodernidad, hacen aguas por lo cuatro costados.
Las bases de esa escuela hemos de buscarlas en el siglo XVII, concretamente en la obra del checo Jan Amos Komenský, más conocido como Comenius o Comenio. Considerado como el padre de la didáctica moderna gracias sobre todo a su obra Didáctica Magna, desgranó los pilares de un tipo de educación que hoy en día llamaríamos tradicional, a saber, el magistrocentrismo, el enciclopedismo y el verbalismo. El primero sostiene que el maestro es el pilar fundamental de la educación; es quien organiza el conocimiento, elabora la materia que ha de ser aprendida y es el único guía en la educación de sus alumnos, quienes han de imitarle y obedecerle. El enciclopedismo, por su parte, pone en el centro del método escolar al libro de texto, que todo alumno ha de aprender memorizando. Este ejercicio de memorización es la principal característica del verbalismo. Este método con esos tres pilares fue llamado por el propio Comenius "Método y Orden". A todo esto hay que añadir además otros dos datos históricos: por una parte, que este tipo de escuela surgió en el contexto del cartesianismo filosófico, que desconfiaba de las emociones como agentes activos del conocimiento; y por otra, un apunte decimonónico: el hecho de que la educación en masa comenzase en el estado prusiano, cuyo cometido era producir sobre todo soldados y ciudadanos más obedientes.¿Cuántos de nosotros reconocemos en estos rasgos las características fundamentales de la escuela a la que fuimos de pequeños a finales de los años ochenta? ¿Cuántos de nosotros reconocemos aún en ellos la metodología que algunos de nuestros compañeros siguen defendiendo a capa y espada a pesar de su evidente fracaso? Y la más escalofriante de las preguntas: ¿cuántos de nosotros vemos paralelismos entre la obsesión prusiana con la obediencia y la propensión de la última contrarreforma llamada LOMCE por atenuar al mínimo la reflexión crítica en favor de la memorización como muestran los currículos de las asignaturas de humanidades? 

El tedio adolescente debería ser un indicador de que ciertos modelos tradicionales ya no funcionan y de que, efectivamente, hay un desajuste entre los pilares de esos modelos y el horizonte de expectativas de los estudiantes del siglo XXI. Como dicen algunos estudiosos sobre el tema, más que lamentarse, lo que hay que hacer es explorar los desacoples que esta mutación tecno-cultural está generando. Carlos Scolari dice que "la escuela de hoy en día es una máquina de producir aburridos y quemados. Hay autores que conectan el aburrimiento escolar con la pasividad del alumnado propia del verbalismo y del escaso protagonismo de los estudiantes fruto del magistrocentrismo. Junto a ellos, y frente al sobrecartesianismo que nos inunda, otros como Ramón Barrera apuestan por el aprendizaje con sorpresa, el sorprendizaje.

El hecho de que tanta atención se esté poniendo en el tema del aburrimiento en la escuela es positivo ya que el modelo de la letra con sangre entra no ha hecho sino entrar en una fase de desangramiento terminal que pese a todo se presiente como muy lenta mientras el modelo tradicional siga despertando tanta magnetismo entre legisladores interesados en adocenar, profesores que no cuestionan la inercia, e incluso entre sumisas capas de familias y alumnos.



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