martes, 6 de diciembre de 2016

Redescubriendo el papel de la lectura en plena era digital

He de comenzar esta entrada dándole las gracias a uno de los más asombrosos magos de la educación que he conocido: Javier Caboblanco, que hace cosa de un mes nos deleitó animándonos a animar a leer usando el papel, el material de toda la vida, ese al que incluso los que somos apasionados a la lectura hemos dado parcialmente la espalda en plena era Kindle. Conocido es que en los últimos cursos estoy experimentando una profunda reconversión digital como profesor. Sin embargo, tengo que confesar que el descendiente directo del papiro sigue manteniendo su erótica escolar para buena parte del alumnado.
Por un lado, el papel se puede tocar y transportar inmediatamente. Se puede enseñar, se puede mostrar, se puede exhibir y se puede modular como prácticamente ninguna otra cosa. Tú puedes generar un padlet con la idea de que potencialmente todo el mundo lo va a ver por la red, pero lo que en realidad quieres es que tus compañeros, esos que forman parte de tu entorno más inmediato, lo contemplen, y si es pegado a la pared o encima de una mesa mejor. Me ha llevado unos meses darme cuenta de que lo digital no es un sustituto de lo analógico sino más bien un perfecto complemento. Hay muchos estilos de aprendizaje. Los hay digitales y analógicos. En mi última actividad de animación a la lectura he combinado los dos.
Por un lado, la ficha de lectura de toda la vida la han hecho a través de Google Forms, recurso que recomiendo encarecidamente para cuestionarios en línea o encuestas ya que autogenera resultados de una forma bastante práctica.
Por otro lado, a propósito de las cabriolas papirofléxicas que Javier nos enseñó en el curso Cinturón Negro de Lectura, se me ocurrió otro recurso evaluativo más creativo: la elaboración de un librito resumen (yo lo llamo biombo o Japanese wall en inglés) en el que los alumnos debían plasmar (escribir e ilustrar) básicamente la misma información que ya plasmaron en la ficha de lectura pero de forma más resumida y convirtiendo el final en una serie de preguntas abiertas que animen a futuros lectores a emprender la lectura de ese libro. El resultado ha sido una colección de libritos hechos a partir de una solo folio y cuya dimensión es una octava parte del mismo. Como no soy un experto en papiroflexia, y temía que las instrucciones en vivo y en directo me traicionaran, decidí grabar este vídeo a modo de flipped classroom.
El siguiente paso va a ser exponer todas estas paredes japonesas en clase y después en la biblioteca en un rincón que buscaremos para ello. Una posibilidad es hacer habitaciones con esas paredes y agruparlas por géneros ya que lo que más piden los chavales a la hora de elegir el siguiente libro a leer es que sea de tal o de cual género. 

viernes, 4 de noviembre de 2016

El día en que Nieves y David nos dieron una lección.

Nieves y David son alumnos míos de catorce años. Ella está en PMAR y él en 3º de la ESO. Mi compañera y amiga Belén está viendo con sus alumnos una manera muy novedosa de acercarse a Federico García Lorca ya que lo está haciendo a través de la música rap, a pesar de no gustarle demasiado ese estilo. Cuando supo (supongo que a través de mí) que mi alumna Nieves está en un grupo rap no lo dudó: me pidió que saliera en una hora mía para que pudiera ir a dar una charla a sus alumnos de 3º de la ESO sobre la materia. En esa clase estaba David, que le ha hecho el alimón en su presentación (seguro que ellos dos habrían rimado estas palabras). La clase sobre rap ha resultado muy instructiva. He aprendido un montón de cosas que no sabía sobre el rap (dista mucho de ser mi música favorita), pero ante todo me he reafirmado en algo que siempre he sabido: la enseñanza puede ser perfectamente multidireccional en pleno siglo XXI. Los profesores ya no somos esa fuente de conocimiento exclusiva que éramos antaño ya que hoy en día la red inunda de conocimientos la calle en la que parte de nuestro alumnado crece. Oír la capacidad que Nieves tiene para rimar, entonar, vocalizar, improvisar es una invitación a darse cuenta de que cada uno de nuestros alumnos tiene unas capacidades de las que muchas veces no somos conscientes por culpa de un temario que no hemos elegido y que muy frecuentemente sólo se puede justificar por la presencia de un examen. Ayer, en un curso que hice en Albacete, nos dijeron que uno de los problemas que hoy en día tiene la educación es que obliga a nuestros alumnos a vivir en dos mundos paralelos: el suyo propio, el que se construyen muchas veces con las mismas competencias que necesitarían para aprobar y que absurdamente ignoramos parapeteados tras la excusa de la programación, y el de la escuela. Espero que hoy, con esta clase de rap (pero que también lo ha sido de métrica, de sinonimia y antonimia), esos mundos hayan encontrado un pequeño puente. 

lunes, 17 de octubre de 2016

Gamificación: recursos y leyendas.


Desde que hace ya casi un año asistí a mi segundo SIMO, me he podido percatar de que uno de los grandes gritos en innovación educativa que me causan cierta perplejidad rallana en el escepticismo es el fenómeno de la gamificación. La idea sobre el papel de la definición es cojonuda, ya que consiste en utilizar los elementos del juego para perseguir un propósito didáctico o educativo. Desde luego no es algo tan novedoso. La ludificación de los procesos de enseñanza-aprendizaje siempre ha formado parte de los métodos que más nos han atrapado desde cuando éramos estudiantes de la EGB. ¿Quién no ha tenido la suerte de tener un maestro enrollado que no se inventara un concurso para que nos aprendiéramos la tabla periódica, los verbos irregulares en inglés o recurriera a la primera parte del  1, 2, 3 para evaluar nuestros conocimientos de humanidades en las de otra manera soporíferas clases de los viernes por la tarde? Que conste que yo no me eduqué en un colegio innovador. Se llamaba Nuestra Señora de la Consolación y había maestros que nos tiraban de las orejas si no rezábamos como dios mandaba. Pero la enseñanza, incluso entre esas rémoras de tardo-franquismo transicional, a veces se convertía en un juego.

Últimamente han entrado en el aula profes que aún no habían nacido cuando a mí me levantaban del suelo un palmo de las orejas por no persignarme en el nombre del padre y su trilogía. Esos futuros profes crecieron con la nintendo cuando yo utilizaba Windows 95 por primera vez para hacer mis últimos trabajos de carrera. Ellos han sido los que han traído la gamificación al aula cuando yo ya tenía claras las ventajas de la ludificación. Pienso que es cuestión de estilos, más que del hecho de ser o no nativos digitales. A mí desde crío las maquinitas recreativas no me hacían mucha gracia. Yo era más de jugar a las cartas o al trivial. Hoy en día pienso que mi clase está suficientemente ludificada: empleo un sistema de puntos que me funciona, que muestro a los alumnos, que les motiva, que hacen que se piquen en su propio aprendizaje sin recurrir a dragones, curanderos, magos u otras realidades paralelas que no termino de creerme. He intentado infructuosamente varias veces hacerme con el tranquillo de Classcraft, pero me encuentro con demasiadas dificultades: principalmente no veo que sea fácil de usar para aquellos que no empleamos nuestro tiempo en los videogames; aparte, tengo la sensación de que hay una subordinación de las tareas de clase al ritual y el lenguaje del juego en vez de ser al contrario. No dudo de su efectividad. Para enseñantes nativizados en el juego convertido en game debe de ser una pasada. ClassDojo es otra app muy mencionada en los foros gamificadores que yo ya utilizaba antes incluso de saber que eso era gamificación.  Al contrario de Classcraft, es muy intuitiva, va al grano y es una de las mejores herramientas que conozco para reconducir la conducta y el trabajo dentro del aula a través del juego. La estuve usando durante más de dos años, hasta que iDoceo copó toda mi atención para la gestión de aula. Desde entonces he intentado usar las dos, pero al final, debido a la economía de los usos y costumbres me he decantado solo por una, quizá menos atractiva para los alumnos pero que, al fin y a la postre, me hace el apaño. Últimamente he leído y oído mucho sobre gamificación. Hay muchos recursos y también muchas leyendas que si te sirven, perfecto. En clase, al final lo bueno es lo que funciona.  

miércoles, 12 de octubre de 2016

Mis primeras experiencias BYOD

El curso pasado, en el último claustro, se produjo una revolución en mi instituto: por cinco votos de diferencia se decidió que el alumnado de a partir de tercer curso de la ESO podía usar dispositivos móviles en el aula si el profesorado así lo disponía en su programación y previa comunicación a las familias. Dicha votación ponía fin a unos cuantos años de prohibición taxativa de utilización de una herramienta como son los dispositivos móviles que impedían la implantación de un enfoque que a día de hoy está revolucionando la educación. Fue una votación emocionante, cuyo resultado facilita que nuestros estudiantes se puedan traer sus propias herramientas digitales a clase. En eso consiste el BYOD: bring your own device, tráete tu propio dispositivo.
En este mes escaso de clase que llevamos he aprendido una cosa: no puedes usar este enfoque de forma espontánea esperando que todos los chavales lleven consigo algo que hasta hace unos meses era considerado el demonio de las distracciones. De hecho, les tienes que avisar con tiempo para que se lo traigan y así asegurar que todos tienen acceso a su móvil, que en ese momento se convierte en su herramienta de trabajo.
Así las cosas, no lo he podido usar tanto como yo quería ya que tengo que planear con tiempo cuándo lo voy a usar y para qué. Con terceros de la ESO lo he utilizado para tareas de indagación: un día tuvieron que meterse en la red y descubrir varias datos sobre los monumentos más destacados de nuestra población, Almansa, para después colgar un mensaje con fotos en la red social Edmodo.
Con segundo de Bachillerato, usé un documento web sobre los diferentes estilos de educación para que, también en la herramienta de asignaciones de Edmodo, los chavales y chavalas hicieran un ejercicio de comprensión lectora.
Indagación en distintas fuentes, lectura y comprensión de un texto, escritura colaborativa... No son actividades nuevas, pero la presencia de dispositivos móviles en el aula hace que sean mucho más dinámicas, entretenidas y ágiles.
Las próximas actividades van a tener mucho que ver con visionados de películas, análisis de recursos digitales e indagación para el desarrollo de un trabajo monográfico de un país anglosajón. Iré informando del desarrollo de los acontecimientos.


lunes, 16 de mayo de 2016

Edmodo, ese gran socializador de la competencia lingüística en la clase de idiomas.

Facebook llegó para quedarse hace casi diez años ya. Y desde entonces nada ha sido igual en muchos aspectos. No es una falacia decir que hoy en día la gente en occidentalia escribe más que antes, entre otras cosas gracias a las aplicaciones de mensajería instantánea tipo whatsapp o Snapchat, y a las redes sociales que, como Facebook, Twitter o Instagram nos permiten dejar rastro de nuestras vidas en la red.
Hace tres años comencé a plantearme utilizar Facebook en clase pero enseguida me di cuenta de que me enfrentaba a una serie de inconvenientes en lo que se refiere a la privacidad de la imagen pública de menores. Fue por ello por lo que me puse a indagar en si había una especie de Facebook académico y, mira por dónde, no tuve que buscar mucho. Desde el principio supe que Edmodo me iba a dar todo lo que andaba buscando.
Como profesor de lengua extranjera, me he pasado buena parte de mi carrera profesional corrigiendo redacciones. Es increíble la cantidad de información con la que a través de las redacciones uno cuenta. Si puedo leer lo que mis alumnos piensan sobre temas polémicos de actualidad, por ejemplo, es una pena que no se puedan leer entre sí, pensé antes de descubrir esta herramienta.
Por ello desde un principio vi la potencialidad que tenía Edmodo. Podía crear un Facebook de clase para que mis alumnos se expresaran libremente en inglés y se pudieran leer los unos a los otros y, así, multifocalizar el feedback, que ya no sólo iba a provenir del profesor. El primer año utilicé Edmodo de una manera más o menos libre, premiando con un tanto por ciento en el apartado de expresión escrito a los alumnos que superan cierta límite de participaciones. Para mi sorpresa, lo utilizaron bastante ya que les prometí que cada veinte participaciones les eximía de hacer una redacción.
Al año siguiente organicé el recurso un poco mejor, ya que algunos de los ejercicios escritos los hacíamos en Edmodo con el fin de socializar todo lo que fueran escribiendo. Otro descubrimiento fue iniciar debates alrededor de un tema, lo cual resultó en comentarios muy interesantes que luego ampliábamos en clase.
Este año he descubierto que es mejor crear pequeños grupos para cada tema, especialmente con el fin de corregir cada actividad por separado sin que estén mezcladas con las demás en un totum revolutum.
Otro uso de Edmodo del que he ido tirando mucho este año ha sido a través de las asignaciones, especialmente para la comprensión, tanto oral como escrita. Frente a la expresión, que pienso que es mejor que tenga el componente socializador como disparador de motivación, la comprensión es una tarea más individual que debe ser resuelta por cada alumno de forma separada. Y es ahí donde la función de asignación es útil, ya que lo que produce cada alumno sólo es visible para el profesor que corrige, aunque al final se tiene la posibilidad de hacer públicas algunas respuestas.
Edmodo no debe circunscribirse, sin embargo, al ámbito del hogar-laboratorio de deberes. Si se puede utilizar en el centro educativo, debe hacerse ya que da la posibilidad de que los alumnos sean autónomos y a la misma vez socializadores cuando se trata de que hagan una tarea en clase. Tampoco se debe circunscribir a las destrezas escritas. A partir de un mensaje escrito se puede iniciar una conversación o un debate que, en clase, el profesor debe moderar habiendo anticipado cuáles son los puntos de partida de sus alumnos. 

sábado, 23 de abril de 2016

Feliz día del libro: representaciones y exposiciones

Es una buena costumbre celebrar el acceso escrito al conocimiento y la cultura. En mi instituto hemos hecho a lo largo de los años de todo: desde las típicas lecturas del Quijote hasta recitales de poesía. Este año, dado que se cumplían 400 años de la muerte de Cervantes y Shakespeare, hemos querido desde varios departamentos rendirles homenaje a través de varios proyectos. Por un lado, desde el departamento de inglés, y con la inestimable ayuda de los de plástica y música, se ha trabajado para que el alumnado de 3º de la ESO hiciera una representación de algunas escenas de Romeo y Julieta. Por otra parte, otros profesores hemos colaborado para que se llevase a cabo la primera exposición bilingüe de nuestro instituto. En ella, el alumnado ha presentado obras inspiradas en don Quijote, así como murales sobre algunos aspectos de la poesía y, por otro lado, sobre algunas obras de William Shakespeare. El colofón de esta exposición ha sido la proyección de un corto que se ha hecho sobre todos los actos que hemos estado preparando para este día que se ha proyectado en la biblioteca. 

jueves, 21 de abril de 2016

Padlet y cuarto centenario de William Shakespeare

El último recurso de trabajo compartido que he utilizado en clase es Padlet. También tiene una versión app, aunque yo prefiero utilizar la web ya que tiene muchas más prestaciones. Lo bueno de este recurso es que te permite hacer infografías de manera colaborativa y además su funcionamiento es muy fluido. Un punto a su favor frente a otros recursos infográficos como glogster es que es totalmente gratuito. 

El contenido principal de este proyecto han sido seis de las más importantes obras de William Shakespeare, las cuales han servido para imprimir sendos murales para la exposición que está teniendo lugar estos días en mi centro a propósito del cuarto centenario de la muerte de Shakespeare y Cervantes. Este recurso me ha servido para hacer el primer ABP internivelar: mientras el alumnado de 2º de la ESO ha hecho la parte escrita del Padlet, el de 1º de bachillerato se está encargando de la exposición oral al resto de la comunidad educativa. 

Aquí os muestro los seis padlets que mi alumnado ha elaborado.  











miércoles, 20 de abril de 2016

Últimas experiencias con metodologias activas en 1º de bachillerato



Para empezar hay que recalcar que wikipedia en español aún no recoge una definición de lo que es una metodología activa en el proceso de enseñanza-aprendizaje, lo cual no deja de sorprender sobre todo porque últimamente éste es uno de los conceptos que más se están maniendo en los foros educativos. La enseñanza basada en metodologías activas es una enseñanza centrada en el estudiante, en su capacitación en competencias propias del saber de la disciplina. Estas estrategias conciben el aprendizaje como un proceso constructivo y no receptivo. Las metodologías activas potencian las bases del cono de la experiencia de Edgar Dale, según el cual al cabo de dos semanas tendemos a recordar casi todo aquello en lo que hemos tenido una experiencia simulada o directa, especialmente si esas experiencias se han basado en cosas que hemos dicho o hecho más que en cosas que hemos leído u oído. Según este cono tal y como lo ilustra Rosa Liarte, el aprendizaje pasivo es paradójicamente lo que más se potencia en nuestros centros educativos ya que la mayoría del tiempo nuestro alumnado lo pasa leyendo (supuestamente), oyendo, viendo y (casi siempre) callando. Las metodologías activas pretenden, en cambio, potenciar aquello que es más susceptible de ser recordado según el canal y la forma de aprendizaje que podemos observar en estas dos pirámides. 


CONO DE LA EXPERIENCIA DE EDGAR DALE
No es nueva mi pretensión de que mis alumnos y alumnas participen activamente en su proceso de aprendizaje. Siempre he sido un defensor convencido del aprendizaje basado en proyectos, e incluso cuando esta práctica no tenía nombre yo ya la llevaba a cabo desde mis primeros años como docente. Aquí voy a poner en conocimiento dos de los proyectos a través de los cuales mi alumnado de 1º de bachillerato ha sido partícipe activo de su propio aprendizaje. Por un lado, lo han hecho a través de un proyecto llamado "Preparing a trip", que no ha sido otra cosa que simular un viaje para el cual han tenido que buscar en la red billetes de vuelo, así como alojamiento en metabuscadores tipo trivago. Con todo ello han tenido que hacer una presentación (no necesariamente en power point, aunque esta herramienta gana con diferencia al resto), que han tenido que exponer en clase. Al cabo de la exposición el resto de la clase les ha hecho preguntas que ellos han ido oportunamente contestando. Es un proyecto muy parecido a otro que llevé a cabo con mis alumnos de segundo de la ESO y del que ya di cuenta en otra entrada

Abajo dejo las presentaciones de las instrucciones del proyecto y dos de los proyectos más destacables.

El otro proyecto no se ha basado en una experiencia simulada, sino en una real, es decir, en la misma base de la pirámide de Dale. Se ha tratado de que expongan los elementos narrativos principales o bien de un libro o de una película. En este proyecto han tenido la dificultad añadida de tener una limitación de tiempo de exposición de tres minutos con el fin de que fueran al grano y no se anduvieran demasiado por las ramas. Las presentación 4 muestra las instrucciones que di para la elaboración del proyecto y las 5 y 6 muestran dos de los proyectos más interesantes. 











martes, 12 de abril de 2016

El aburrimiento y la escuela tradicional: un poco de historia.

Mucho estoy leyendo y escuchando últimamente sobre el aburrimiento en la educación. Sin duda es un tema central en muchos blogs educativos ya que se le señala directamente como uno de los principales responsables del fracaso escolar.

La escuela de hoy en día les parece a muchos de nuestros estudiantes aburrida porque sigue arrastrando parte de las características que le dieron sentido hace cuatro siglos, en los albores de la modernidad, pero que a día de hoy, en plena posmodernidad, hacen aguas por lo cuatro costados.
Las bases de esa escuela hemos de buscarlas en el siglo XVII, concretamente en la obra del checo Jan Amos Komenský, más conocido como Comenius o Comenio. Considerado como el padre de la didáctica moderna gracias sobre todo a su obra Didáctica Magna, desgranó los pilares de un tipo de educación que hoy en día llamaríamos tradicional, a saber, el magistrocentrismo, el enciclopedismo y el verbalismo. El primero sostiene que el maestro es el pilar fundamental de la educación; es quien organiza el conocimiento, elabora la materia que ha de ser aprendida y es el único guía en la educación de sus alumnos, quienes han de imitarle y obedecerle. El enciclopedismo, por su parte, pone en el centro del método escolar al libro de texto, que todo alumno ha de aprender memorizando. Este ejercicio de memorización es la principal característica del verbalismo. Este método con esos tres pilares fue llamado por el propio Comenius "Método y Orden". A todo esto hay que añadir además otros dos datos históricos: por una parte, que este tipo de escuela surgió en el contexto del cartesianismo filosófico, que desconfiaba de las emociones como agentes activos del conocimiento; y por otra, un apunte decimonónico: el hecho de que la educación en masa comenzase en el estado prusiano, cuyo cometido era producir sobre todo soldados y ciudadanos más obedientes.¿Cuántos de nosotros reconocemos en estos rasgos las características fundamentales de la escuela a la que fuimos de pequeños a finales de los años ochenta? ¿Cuántos de nosotros reconocemos aún en ellos la metodología que algunos de nuestros compañeros siguen defendiendo a capa y espada a pesar de su evidente fracaso? Y la más escalofriante de las preguntas: ¿cuántos de nosotros vemos paralelismos entre la obsesión prusiana con la obediencia y la propensión de la última contrarreforma llamada LOMCE por atenuar al mínimo la reflexión crítica en favor de la memorización como muestran los currículos de las asignaturas de humanidades? 

El tedio adolescente debería ser un indicador de que ciertos modelos tradicionales ya no funcionan y de que, efectivamente, hay un desajuste entre los pilares de esos modelos y el horizonte de expectativas de los estudiantes del siglo XXI. Como dicen algunos estudiosos sobre el tema, más que lamentarse, lo que hay que hacer es explorar los desacoples que esta mutación tecno-cultural está generando. Carlos Scolari dice que "la escuela de hoy en día es una máquina de producir aburridos y quemados. Hay autores que conectan el aburrimiento escolar con la pasividad del alumnado propia del verbalismo y del escaso protagonismo de los estudiantes fruto del magistrocentrismo. Junto a ellos, y frente al sobrecartesianismo que nos inunda, otros como Ramón Barrera apuestan por el aprendizaje con sorpresa, el sorprendizaje.

El hecho de que tanta atención se esté poniendo en el tema del aburrimiento en la escuela es positivo ya que el modelo de la letra con sangre entra no ha hecho sino entrar en una fase de desangramiento terminal que pese a todo se presiente como muy lenta mientras el modelo tradicional siga despertando tanta magnetismo entre legisladores interesados en adocenar, profesores que no cuestionan la inercia, e incluso entre sumisas capas de familias y alumnos.



viernes, 8 de abril de 2016

La organización del espacio y la innovación pedagógica

Recuerdo cuando en 3º de EGB me tocó estar en la clase de D. Antonio de los Reyes. Ese maestro, aparte de ser "de los que no pegaban" tenía fama de hacer cosas un poco raras en sus clases. En vez de estar sentados en filas, los pupitres durante todo el curso escolar estuvieron organizados en grupos y cada mes nos tocaba cambiar tanto de grupo como de compañeros. Creo que había un total de seis y en una pizarra estaban escritos los nombres de los grupos que nosotros mismos poníamos, así como la puntuación que íbamos recogiendo día a día hasta que, al final del mes, un grupo ganaba y recibía bolis y rotuladores de colores por parte de D. Antonio. Recuerdo que algunos de mis grupos se llamaron "La Guerra de las Galaxias", "La Fuga de Logan" o "La Pantera Rosa". Este maestro nos iba dando puntos por cada ejercicio que hacíamos, por cada vez que hacíamos los deberes o como premio por ayudarnos los unos a los otros. Por contra, nos quitaba puntos si llegábamos tarde, nos portábamos mal o no hacíamos las tareas. Este maestro participaba en los primeros años ochenta de dos conceptos que hoy en día están muy en boga: la gamificación y el trabajo colaborativo
Sin embargo, la razón por la que saco a colación estos recuerdos son por forma en la que el espacio jugaba un papel fundamental en las clases de D. Antonio. La posición de los pupitres con respecto al centro-pizarra era irrelevante ya que lo verdaderamente importante no ocurría en la pizarra, sino en toda la clase, alrededor de la cual el maestro no dejaba de moverse para supervisar nuestras tareas. 
Hoy en día uno de los aspectos sobre los que apenas se discute es la disposición de unos pupitres cada vez más envejecidamente incómodos. En mi instituto (mis clases incluidas) la posición es la misma de siempre: la pizarra-altar es el centro incuestionado de la liturgia de la enseñanza. Frente a ella, los pupitres se alinean en filas de uno o dos (especialmente en los niveles bajos de la ESO), o amontonados si es en bachillerato. Ese tipo de disposición varía únicamente en función del comportamiento del alumnado. Si es bueno, continúa tal y como está. Si tiende a ser disruptivo, se les castiga con una separación física. Esta disposición, como he apuntado arriba, casi no se discute. 
Pupitre modular que permite el movimiento fluido según tipo de actividad
Una de las consecuencias que la crisis y sus excusas trajeron fue la masificación de las aulas. Donde en 2008 había 20 alumnos por aula en 2012 había 34. Con ese número, y en el misma superficie física no hay espacio para la experimentación. Con caber en clase es ya suficiente. Sin embargo, una de las lógicas consecuencias que tiene repensar la educación teniendo al alumnado como centro es valorar la comodidad de este alumnado y explorar las posibilidades que da el espacio para los distintos tipos de aprendizaje. Una de las causas menos comentadas a nivel mediático del fracaso escolar es el tremendo aburrimiento de los alumnos en clase. Y uno de los factores de ese aburrimiento es esperar siempre lo mismo de un espacio que no acertamos a transformar. Cada tarea es diferente y si la clase consta de cuatro tareas distintas, es de esperar que nuestra disposición física cambie. La disposición clásica pupitre-pizarra (o proyector) sólo tiene sentido en los momentos en los que el profesor está dando una instrucción. En el resto de tareas se echa en falta una mayor movilidad por parte del mobiliario. Los pupitres clásicos no favorecen el mismo ya que son pesados, poco flexibles y hacen mucho ruido al arrastrarse. De la misma forma, se echa de menos otro tipo de mobiliario diferente al pupitre como cojines o alfombras donde poder sentarse para realizar cierto tipo de tareas que exigen reflexión o lectura, y no necesariamente ejecución escrita. Para ello, soy consciente, serían necesarias aulas mucho más grandes de las que hoy en día tenemos o, incluso, trascender de la idea de aula tradicional. El año pasado muchos de nosotros nos sorprendimos de que fueran los jesuitas los que revolucionaran la idea del espacio en la enseñanza con sus aulas abiertas y con sofás.  
Nuevos espacios para aprender
En resumen, hay que repensar el espacio como factor clave en el proceso de enseñanza-aprendizaje de la misma manera que estamos repensando otros factores de nuestra metodología como la incorporación de las TICs, la gamificación, el blended-learning o la clase al revés. Como dice Catlin Tucker, el mobiliario manda un claro mensaje a los estudiantes desde el primer día sobre qué esperamos de ellos. Así que, si queremos enviarles el mensaje de que queremos que sean flexibles, creativos y colaborativos en sus aprendizajes, es necesario que el mobiliario y el espacio también lo sean o, al menos, lo faciliten. 








jueves, 7 de abril de 2016

Heterocronía, o las distintas velocidades del cambio educativo.

Leyendo una de las últimas entradas del muy recomendable blog de Fernando Trujillo, me he encontrado con este concepto que nos puede servir para explicar por qué en muchos de nuestros centros educativos asistimos a la evolución en la forma de entender la educación a varios niveles. Está claro que la educación ha cambiado muchísimo desde que estrenamos siglo. De las pizarras hemos pasado a las pantallas; de las fichas a las presentaciones; del libro de texto a las fuentes audiovisuales e hipertextuales; de la clase magistral al ABP; del cuaderno del profesor a iDoceo, del cuaderno de ejercicios a Edmodo, y así podríamos enumerar muchos más cambios que hacen que nuestras clases de hoy hubiesen parecido casi de ciencia ficción hace quince años.
Sin embargo, todos convivimos con agentes que resisten el cambio o lo viven de manera mucho más lenta. Todos tenemos compañeros y compañeras que muestran diariamente una lucha casi espartana por aferrarse al libro de texto subrayable, a la lección magistral, al binomio tiza-pizarra, al cuaderno de ejercicios (de papel, por supuesto), y para los que los proyectores son casi como platillos volantes invisibles. Junto a estos, tenemos a la gran mayoría, que son los que poco a poco y a su ritmo van incorporando, con más o menos cautela, cambios estructurales en sus aulas.
Este concepto de heterocronía es definido de forma bastante clara, en palabras de Daniel Innerarity, en la diapositiva 19 de su excelente presentación, la cual muestro completa aquí abajo: "La mayoría de los problemas de la sociedad contemporánea no proceden tanto del exceso de la falta de innovación como del desequilibrio entre velocidades de innovación diferentes… El mundo avanza con distintas velocidades, por lo que continuamente aparecen líneas de quitar entre las diferentes dinámicas de innovación… Las lógicas temporales son distintas, incompatibles e incluso antagónicas."





martes, 22 de marzo de 2016

One day at the theatre o la importancia de no tener vergüenza

Mis alumnos al principio no se le creían cuando les dije que premiaría con puntos extra en la evaluación a quien se ofreciera de voluntario para subir al escenario. No entendían qué relación podía tener "hacer el tonto" con los contenidos de inglés. Para empezar, les expliqué, subir a un escenario ante cientos de personas es todo menos hacer el tonto. Expresar libremente un estado de ánimo en clave dramática es tan antiguo como la propia humanidad en su versión inteligente. Además, vencer algo tan encorsetante para la comunicación lingüística como el pudor a expresarse en público es vital para resolver cierto tipo de situaciones comunicativas en códigos lingüísticos ajenos. Cuántas veces viajando con amigos o solo he presenciado escenas en las que, por miedo a hacer el ridículo, fulanito o menganita han pasado de preguntar una dirección, una instrucción o incluso una opinión, privándose así de una profundidad insustituible en este tipo de experiencia viajera. Es por ello por lo que sostengo que estas pequeñas excursiones al teatro (las hacemos una vez al año) son imprescindibles no sólo para que los chavales vean teatro en inglés, sino para que tengan la oportunidad de ser mucho más que espectadores en su propio proceso de aprendizaje de una lengua extranjera. 

Preparando el William Shakespeare Project

Con motivo del día del libro, algunos departamentos estamos preparando una exposición sobre Miguel de Cervantes y William Shakespeare. En este vídeo podemos observar cómo alumnas de bachillerato entrevistan a alumnos de 2º de la ESO sobre cómo están realizando dicho proyecto, el cual lo están realizando con la herramienta Padlet y que finalmente se exhibirá impreso en la entrada y la biblioteca de nuestro instituto.