jueves, 7 de abril de 2016

Heterocronía, o las distintas velocidades del cambio educativo.

Leyendo una de las últimas entradas del muy recomendable blog de Fernando Trujillo, me he encontrado con este concepto que nos puede servir para explicar por qué en muchos de nuestros centros educativos asistimos a la evolución en la forma de entender la educación a varios niveles. Está claro que la educación ha cambiado muchísimo desde que estrenamos siglo. De las pizarras hemos pasado a las pantallas; de las fichas a las presentaciones; del libro de texto a las fuentes audiovisuales e hipertextuales; de la clase magistral al ABP; del cuaderno del profesor a iDoceo, del cuaderno de ejercicios a Edmodo, y así podríamos enumerar muchos más cambios que hacen que nuestras clases de hoy hubiesen parecido casi de ciencia ficción hace quince años.
Sin embargo, todos convivimos con agentes que resisten el cambio o lo viven de manera mucho más lenta. Todos tenemos compañeros y compañeras que muestran diariamente una lucha casi espartana por aferrarse al libro de texto subrayable, a la lección magistral, al binomio tiza-pizarra, al cuaderno de ejercicios (de papel, por supuesto), y para los que los proyectores son casi como platillos volantes invisibles. Junto a estos, tenemos a la gran mayoría, que son los que poco a poco y a su ritmo van incorporando, con más o menos cautela, cambios estructurales en sus aulas.
Este concepto de heterocronía es definido de forma bastante clara, en palabras de Daniel Innerarity, en la diapositiva 19 de su excelente presentación, la cual muestro completa aquí abajo: "La mayoría de los problemas de la sociedad contemporánea no proceden tanto del exceso de la falta de innovación como del desequilibrio entre velocidades de innovación diferentes… El mundo avanza con distintas velocidades, por lo que continuamente aparecen líneas de quitar entre las diferentes dinámicas de innovación… Las lógicas temporales son distintas, incompatibles e incluso antagónicas."





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