miércoles, 30 de diciembre de 2015

Reflexiones sobre El Elemento, de Ken Robinson

La primera vez que oí hablar de este libro fue en la edición de SIMO de 2014. Debió de ser en una charla sobre m-learning o de algo parecido. En todo caso, el nombre quedó grabado por primera vez en mis notas y luego se incorporó a mis experiencias ya que un par de meses después vi un vídeo memorable en TED titulado Do schools kill creativity?, uno de unos cuantos que tiene a su nombre Ken Robinson. Desde entonces El Elemento (obra posterior a esta charla, por cierto) había estado en mi lista de lectura que por fin hace unas semanas hice el ánimo de leerla en inglés, como leo todas las cosas que han sido escritas originalmente en esa lengua. En castellano, por supuesto, está traducida y disponible en muchas librerías en línea por un precio casi irrisorio.
El Elemento es una obra sobre cómo encontrar y ayudar a otros a que encuentren la pasión por hacer cosas que se nos dan bien, eso que comúnmente llamamos vocación. La educación es un factor clave en esta obra ya que debería ser uno de los motores que nos ayudaran a encontrar dicho elemento. Desgraciadamente, y tal y como Sir Ken Robinson ilustra en las más de doscientas páginas de su obra, eso dista mucho de ser así por cuanto los sistemas educativos de corte occidental, con su exagerada insistencia en el utilitarismo y pruebas estandarizadas y debido también a su ascendente industrial, la mayor parte de las veces son el principal obstáculo para que los individuos encontremos un equilibrio entre nuestras vidas y nuestra
s pasiones. Robinson no propone interminables reformas educativas como a las que estamos acostumbrados, sino una transformación educativa radical en la que la creatividad sea tan pivotal como la inteligencia lingüística o matemática. En este sentido, de especial relevancia son los últimos capítulos en los que muestra iniciativas reales de escuelas creativas en varias partes del mundo (a destacar las de algunas escuelas del norte de Italia, Liverpool u Oklahoma) cuyos resultados han sido tan asombrosos como escasamente reconocidos en los medios de comunicación generales.
En definitiva, El Elemento es una obra que cualquier profesor que crea en la labor transformadora de la educación debe leer sin falta. Además, que se convierta en lectura obligatoria en muchas facultades de magisterio sería un signo de que los tiempos, como diría Bob Dylan hace más de cincuenta años, por fin están cambiando. 

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